EL TITAN DEL OCASO MODIFICA EL ROSTRO DE LOS AMORES MUERTOS

... empezamos una danza ritual... pero ¿qué digo? ... danza no, era... girar, girar, girar... a la derecha, a la izquierda, sobre la hierba, sobre las violetas, sobre las flores en espiga del heno, bajo el sauce, bajo ella, sobre ella. Su cuerpo temblaba como la cola de una lagartija. Finalmente se paró. Muerta. De inmediato, habité en la tumba del silencio. De la maravilla de caricias y alabanzas que yo esperaba recibir, nada. Me miró a los ojos diciéndome: -Eres un extraño, estoy contigo y no te amo.Pude sonreír y una estúpida sonrisa quedó en mi cara. Ella ni siquiera sabe ni sabrá que su cuerpo hace tiempo me sabía como un mal vino rancio. Pero le amaba.
-Tú, que ahora me confiesas desamor, sentirás dolor en tu cuerpo cuando imagines placer al ser amada por otros hombres que no te querrán como yo te quiero –le dije.
- El amor se burla de mí. Me engaña y me maravilla. Luego desaparece –contestó.
Se levantó con elegancia, soberbia, sin ropa, con su cuerpo turgente lleno de caricias. Nunca podré olvidar como se iban cayendo mis besos de su piel agarena para mezclarse con el viento.
Yo le amo. Esta primavera se va. No la primavera, ella.
Ahora todo es arena de desierto, arena y viento. En mi taberna falta la lámpara y en su vid el ruiseñor.
Está llegando el verano. Ahora sobre el heno seco pienso en ella. Me levanto... ¿Acaso es posible la calma? Aparto el heno amontonado a patadas... el sauce me parece extraño, no hay violetas, ni amapolas, ni está ella...
Mas ¡ay! ¿No me estará permitido amar y ser feliz? Mis sentimientos de amor siempre tienen una superficie limitada. Este amor ha muerto. Está velado por las sibilas de piedra que pastorean serpientes.
Quiero divisar, desde las cimas de estas montañas, a los caballos de luz cuando serpentean, por atajos equivocados, el vuelo de los astros que ocultan amores tan unidos, como la hiedra y el roble.
Antes, me acercaré a las cuevas del eco que hay más allá de la arboleda, y llamaré al fabuloso cisne que habita en el viento que no muere, para que lleve mis palabras y las cuelgue en las moreras deshojadas, cuyas ramas fueron acusadas de deicidas.
El colorismo del verano se está difuminando por el horrible calor. Me voy, no sea que, salten chispas de mis pensamientos, y arda el paisaje y yo con él. El titán del ocaso modifica el rostro de los amores muertos Los dioses de verdad pueden con todo.
ATHO

