SOB RE EL CESPED FRESCO

gah_lrg_002.jpgPRIMER ACTO:

(De fondo, un bosque con los colores del otoño.)

ATHO:
( Pensativo. Sentado en un tronco hueco caído sobre un lecho de hojas amarillas)
¿Cómo agradecer los comentarios a “Yo intento escribir?”
( Mira el rastro de seda que va dejando una araña sobre las ramas secas de la última tala de robles. En su mano derecha lleva una rama de fresno. Golpea las hojas, que saltan y vuelan para volver a caer rotas en mil pedazos de colores. Sigue pensativo.)
... tan difícil me resulta comentar sus textos como difícil expresar cuán agradecido estoy de los suyos.
( Mira el cielo por donde ve cruzar a las grullas que, en formación, vuelan sobre el bosque)
... estas ya regresan del norte de Europa, allí se han amado, y vuelan a sus cuarteles de invierno.
( De uno de los bolsillos grandes del tabardo, saca un cuaderno y un bolígrafo de tinta negra y fina)
...vamos a ver qué dice Rosa: “ no dejes de escribir” ... No lo voy a dejar ¿sabes? es mi otra vida, o, mejor dicho, mis otras vidas. ¿Sustituir olivera u olvidado? ... olvidando, creo que no debo. Me parece literario “ olvidar su vuelo”. ¡Algo imposible para las aves! ¿No crees? Veamos, “olivera”, ya me duele cambiar uno de mis árboles preferidos. Verás, voy a sustituirla por “ se acurrucaron en los huecos de los árboles olvidando su vuelo.
( Aparta con su dedo índice y pulgar de la mano izquierda dos hojas que han caído sobre su libreta de apuntes)
... bueno, vale, así queda. Le daré las gracias por sus observaciones.
(Pausa. Se mira el reloj de muñeca. Pasa hoja, y recuerda: el camino que lleva al río está cubierto de rosada)
... Carmen Amarilis: ¿Sabes? Los vencejos también tienen las alas en forma de guadaña.
( Se levanta y camina lentamente. Se escucha el trino de algunos pájaros del bosque. Piensa en voz alta)
Lola: Tú sabes de abrazos de mar, y yo de estos remolinos de río bravo, que acaba de nacer cerca del ibón que tiene bufanda de nieve, y quiere besar tus palabras. Gracias.
( Se apoya en una roca brillante y ordena sus pensamientos)
... ¡jo! Alena, tú de monja. ¡Vaya! Debí decir ¡jo! Alena, ¿tú monja? ¡Fuera la “de”! Abrazos.
( Se sienta al lado de la peña que le ha servido de mesa, y apoyando la espalda, sigue pensando en voz alta)
... y a Luis E., ¡Qué! ... que tiene razón: al puntuar, me sucede como a este torrente, baja entre piedras que no están rodadas, y se permite el lujo de pasar por encima, sin permiso de las aristas. Gracias Luis otra vez.
( Aparece al otro lado del río un jabalí con intención de beber pero, al ver a Atho, se escapa, dejando gruñidos y olor a pelo salvaje)
Ophir: tu nombre me suena a oro, marfil, Salomón, Hiram, señor de Tiro, Arabia Feliz, Yemen... pero... yo soy el fascinado.
( Cae el telón)

SEGUNDO ACTO.
( Fondo: una senda paralela al río que lleva a una cabaña de montaña)

ATHO:
( Se levanta. Sigue la senda que le lleva al refugio. La chimenea humea, cubre el espanta-brujas con un humo espeso y negro. En voz alta sigue pensando.)
... está ardiendo la madera húmeda, voy a atizar el fuego, no vaya a apagarse. Hace frío, estas primera nieves se dejan sentir.
(Entra en la vivienda. Deja el palo, cuaderno y bolígrafo sobre la mesa. Se sienta en la cadiera y, tras añadir leña seca, acerca la mesa y se pone a escribir)
Pilar: La soledad de mi alma trataba de acoger con cariño a todos los amores que querían entrar. Pero la realidad venía y me hundía en la desesperación.
¿Conoces dónde crece la hiedra de la indiferencia? El amor se ahoga. Es la oscuridad y el silencio. No existe nada. Solo es un temblor frío.
¿Qué es un hombre que ha perdido su amor? ¿Qué? ¿Qué puede hacer? No me vale que digas: ¡hay otros amores! La ausencia de ese amor produce gemidos que permanecen ahí durante mucho tiempo.
Ya no recordaba qué era amar. El Árbol de la Vida, alumbrado por las antorchas de Hécate, custodiaban la esperanza en la resurrección de un nuevo amor, como aquel que terminó.
Por fin, bajo el cedro de la ilusión, tras el Diluvio del olvido, surgió nuevamente cubierto de generosidad, protegido de las espinas que asomaban en el camino. Y fue capaz de llegar hasta donde duerme el dragón dorado que guarda los amores eternos.

(Sonríe dulcemente. Pausa.)
Eva: Siéntate a mi lado y háblame de Venus y luego de Júpiter, del amor y de guerra. Esperaremos que la Luna nueva esté sobre Libra, y solo hablaremos de amor. ¿Sabes? : en mis sueños aparece, dentro de una esfera transparente, un tiovivo que gira, gira y gira... una bella mujer cabalga desnuda sobre un dragón de siete cabezas que arroja fuego por los ojos... yo formo parte del cuerpo del Unicornio Blanco que, rampante, relincha sonidos terribles.
Siempre dando vueltas, vueltas, vueltas... arriba y abajo... alargamos los brazos para unir nuestras manos que son de pluma blanca, pero... no podemos... arriba y abajo... vueltas y mas vueltas...
La frágil transparencia del cristal de la esfera me deja ver... me deja verla... me deja verme dando vueltas, siempre huída, siempre retorno... Cautivos y perturbados lentamente ¡inexorable destino¡ por un deseo que exalta los sentidos...
Y de la esperanza, ya nada, o casi nada queda, salvo los poemas.

(Solo la lumbre del lar alumbra la estancia. Atho se queda contemplando el baile de las llamas y se baja el telón. Fin del último acto.)

ATHO
Sábado, 22 de Enero de 2005 01:10 #. Tema: RELATOS.

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